Etimología de la palabra placer

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Etimología de la palabra placer

Dic 2021

Entendamos el origen de lo placentero como sinónimo de la buena vida, sin corsés y en amplio espectro.

 

Etimología de la palabra bienestar

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El placer: objeto de debate desde la Grecia Antigua

Si leemos la palabra placer, es inevitable conectarla inmediatamente con lo puramente erótico. Si bien el imaginario popular no está del todo equivocado al relacionarla con el disfrute corporal, también es cierto que el placer trasciende a otros horizontes muy diversos. El placer es sinónimo de vivir bien. Pero como dice Catherine Wilson en su ensayo, How to Be An Epicurean; The Ancient Art of Living Well, olvidemos todo acto superficial y consumista que pueda desdibujarlo. Hablamos de un placer entendiendo la buena vida ligada a la naturaleza, a las buenas relaciones y al desarrollo de lo creativo.

Dice la RAE, que placer es el ‘goce o disfrute físico o espiritual producido por la realización o la percepción de algo que gusta o se considera bueno’. Digamos, pues, que el placer es esa sensación de lo que nos hace sentir bien. Un factor indudablemente positivo y agradable, que entiende desde satisfacciones primarias como la sed y el hambre, hasta otras más intensas como la realización personal. 

 

Placer y filosofía

Con carga altamente filosófica, el término placer lleva en debate desde la Grecia Antigua. Entonces, la reflexión rondaba sobre la conveniencia de la búsqueda del placer inmediato frente a otra de un estado a largo plazo. 

Platón defendía la idea de que todo lo que cubre una falta produce placer y que, por supuesto, este va mucho más allá del éxtasis y la pasión. Fue quien revolucionó el concepto y sentenció que incluso la vida moral -y la moncal-, pueden ser tan placenteras como la sexual o la derrochadora. Cada una a su manera.

Opuestamente al pensamiento popular de la época, Platón no oponía el placer a las tradiciones y buenas leyes, y lo instauró en la normatividad social y lo calificó como éticamente bueno. 

 

 

 

“El placer es un bien inherente a nuestra naturaleza, y es por eso que estamos destinados a buscarlo”, Epicuro

 


Placer como objeto de estudio

El filósofo griego Epicuro fue el primero en catalogar el placer como objeto de estudio. La búsqueda del bienestar de la mente y el cuerpo era el foco de su corriente de pensamiento, considerando el placer como principio de la existencia del ser humano.

 

La connotación sexual heredada hasta hoy, proviene del tratamiento del placer de los siglos XVIII y XIX, cuando los filósofos ilustrados y vitalistas como Mettrie y Nietzsche, entienden el cuerpo como centro de todo placer. A comienzos del s. XXI hubo un replanteamiento del cuerpo, el placer, la sexualidad y la ética de la vida en clave artística. Entonces, surge el movimiento de la joie de vivre, cuyo principal placer es la ausencia de dolor. 

 

Huyamos de vulgarismos y malentendidos: el placer ha sido la herramienta que la filosofía ha adoptado como terapia para paliar los males físicos y del alma. El hedonismo aparece como doctrina de la búsqueda del placer entendido como el bien, un arte de vivir mejor de manera racional a través de la gastronomía, la sexualidad y la existencia en el más amplio sentido. 

 

El placer hoy 

Lejos de querer encorsetar el concepto, hoy hablamos de lo placentero en todas las direcciones. El wellbeing y la salud tienden hoy a resguardarse bajo el mismo paraguas de lo que nos hace sentir bien. Pero sería poco inteligente por nuestra parte limitar el hecho de sentirse bien obviando la música, el arte, nuestras relaciones, la comida... 

 

Volviendo al ensayo de Catherine Wilson, nuestro foco debería estar puesto en cómo ser un epicúreo, en aprender sobre la importancia de nuestra buenas relaciones, vivir con menos miedos y culpas, hacer frente a los reveses de la vida y a descubrir qué es aquello que verdaderamente nos produce placer en la vida.