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Andy Warhol y Edie Sedwick: una relación de dependencia, toxicidad y tormento

Jun 2021
- Paula Martíns, Editora

Cuentan que se conocieron en una fiesta en el ático de Lester Persky, trabajaron juntos en películas y formaron un tándem que pasó (literal) a ser historia. Lo que en su día comenzó como una bonita relación terminó derrumbándose de la peor manera.

 

Andy Warhol y Edie Sedwick

¿Qué le pasó a Warhol con Sedwick?

Era una historia de las que parecen que no van a terminar nunca. Una de esas relaciones tormentosas en las que cuando aparecen los sentimientos se llevan al extremo de tal manera que todo el amor que se siente y se acumula en el corazón termina explotando y manchando todo por palpitar tan fuerte. Así eran Andy Warhol y Edie Sedwick. No eran pareja. Ni siquiera una amistad pasional, pero sí era una relación de un dúo dependiente. Él tenía las ideas, ella las ejecutaba. Él era el artista, ella la modelo. Él pintaba, ella posaba. Él dirigía las películas y ella leía el guión. Pero un día todo cambió.

 

Cuando Edie demostró ser, en el infinitivo del verbo, por cuenta propia, a Warhol no le hizo gracia. Menos aún cuando otras personalidades reconocidas se interesaron por ella. Porque tan dependiente era esta relación que, en cuanto ella salió del círculo del peculiar artista, él enseguida le dio la espalda. 

Se conocieron de casualidad. Edie nació a comienzos de los años 40 en Santa Bárbara (California), pero antes de los 20 años abandonó su seno familiar para vivir en un apartamento de su abuela en Nueva York y buscar nuevas oportunidades laborales que la llevaran a lo que, ella misma decía que era, ser una superestrella.

La pareja artística del momento

Tenía un carácter irónico, era tremendamente bromista, gesticulaba continuamente e, incluso, a veces llegaba a ser grosera. Parecía ser la mujer perfecta para actuar en una de las producciones clandestinas que Warhol preparaba por aquel momento. Y por casualidad del destino, se encontraron en un club de fiesta. Ella bailaba y él, hechizado por su belleza, le propuso participar en su próxima producción. Así comenzó un tándem de esos que asemejan irrompibles. De esos que parecen haber nacido uno para el otro.

Porque si algo le gustaba al artista era la excentricidad. Acostumbrado a formar parte de la escena nocturna del momento, en la que las drogas, las lentejuelas y las fiestas eran el pan de cada día, Warhol seleccionaba con precisión a las personas que quería que formaran parte de su ambiente. Y Edie parecía la mujer perfecta para ocupar ese puesto.

De actitud descarada, vestía medias negras tupidas, camisas masculinas oversize, pendientes XXL, tacones sobre los que parecía imposible caminar y un maquillaje que no dejaba a nadie indiferente. Cumplía todos los requisitos que amaba el que dio nombre al pop art. Incluso, él, que a pesar de su fama no estaba acostumbrado a hablar en público, le cedía la palabra a ella en las entrevistas de televisión y dejaba que con su desparpajo, fuera la protagonista. Si quería hablar, se lo susurraba al oído para que Sedwick lo pronunciara. La unión era tan grande que ella incluso se tiñó el pelo de rubio platino y se lo cortó para parecerse a él, y, él, comenzó a usar medias negras.

De Bianca Jagger a Jane Forth: Warhol tuvo muchas amigas, pero ninguna como Eddie. La joven se convirtió en la reina del estudio del artista, The Factory. En ese singular lugar, de ambiente queer, desnudos, pintura y ese humor que resulta difícil de entender si no formas parte del gremio, Eddie se sentía cada vez más cómoda. 

 

 

Edie Sedwick: de actriz a icono de moda de una generación

Y fue entonces cuando Edie alcanzó su auge y su faceta como modelo cautivó a revistas como Vogue o Life. Apareció en portadas y las editoriales de moda se la rifaban para incluirla entre sus páginas. Pero como todo lo que sucede rápido y se alza en fama, llegó un momento en el que cayó en picado.

Ella guardaba una profunda relación con las drogas que jamás fue capaz -y no quiso-apartar de su vida. Su camino, además, nunca fue  limpio: estuvo enormemente marcado por problemas familiares, abortos, trastornos alimentarios y brotes psicóticos que ya llevaron a desmoronar el imperio que con ayuda de Warhol había construido.

 

"A Andy Warhol le gustaría haber sido Edie Sedgwick. Le gustaría haber sido una debutante encantadora y bien nacida de Boston. Le hubiera gustado ser cualquiera, excepto Andy Warhol"

Edie Sedwick

Pero como en cualquier relación de dependencia tóxica, cuando esto sucedió, el artista en lugar de mantener su mano tendida, decidió soltarla por primera vez desde que se conocieron. En el momento que ella más le necesitaba, él la rechazó guiado, también, por los celos que le produjo su buena relación -dicen incluso era demasiado buena- con Bob Dylan, cantante con el que el artista estaba enemistado. Incluso llegó a ser el responsable de enemistarla también con Dylan, quién en su día acudió de inmediato a la llamada de auxilio que la actriz le había enviado en una llamada. Sedwick perdió a dos de sus mejores amigos: Warhol y Dylan. Y encontró esta vez apoyo en Bob Neuwirth, quien estuvo con ella hasta que vio que ya no podía hacer nada más por controlar sus adicciones.

El día que todo terminó

Era 1969 cuando su estado estaba en el límite y cuando, tras volver a casa para cuidarse, Sedwick fue ingresada en el departamento de psiquiatría del Cottage Hospital. 

Parecía que se recuperaba en sus estancias, y conoció en las mismas a Michael Post, con quién grabaría a su salida del hospital Ciao! Manhattan (1972), una película que retrata, a la perfección, su peor época. Pero de tanto ajetreo y altibajos emocionales a lo largo de su vida, Sedwick comenzó a sentirse físicamente destrozada. Le dolían los huesos y cada vez le resultaba más complicado moverse por lo que, con intención de estar sana, escribió el final de sus días: recetada por el médico, comenzó a consumir barbitúricos, pero no en las cantidades recomendadas. La ingesta de estas pastillas alcanzó una toma tan grande que en el último desfile al que acudió Eddie se la vio completamente drogada y, los asistentes, la tacharon de heroinómana, enferma, inestable y loca. Ese mismo día fue el último en el que se la pudo ver con vida.

Llamó a Michael Post para que la llevara a casa y, temblando, con un gran ataque de ansiedad y sin apenas poder pronunciar palabra, Post le dio unos tranquilizantes para que durmiera. Mientras él dormía, ella ingirió más y, ese mismo día de 1971,  su cuerpo dejó de funcionar. por sobredosis.

 

 

 

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