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La siesta no es una costumbre española: este es su origen

Jul 2021
- Paula Martíns, Editora

Los mitos que rodean a este emblemático y conocido descanso tan atribuido a nosotros poco tienen de veraces. 

Lo que debes saber sobre la siesta

Viene de la sexta hora romana y guarda origen en la historia italiana, cuando sus habitantes decidían descansar a mitad del día para reponer fuerzas. Años más tarde se popularizó tanto en nuestro país que incluso a día de hoy se piensa que la mayoría de los españoles descansan después de comer, antes de continuar la siguiente media jornada del día. Una creencia que, además de no representarnos tanto como dicen, dista mucho de la realidad ya que el 60% de los españoles afirman estar despiertos hasta la noche.

La siesta no es una costumbre española
La siesta no es una costumbre española

 

Google o Facebook son tan solo dos de las grandes compañías mundiales que han habilitado salas en sus instalaciones para que los trabajadores de cada compañía puedan descansar, al menos, 20 minutos por día durante su jornada laboral. O lo que es lo mismo, estas compañías son tan solo dos de los muchos ejemplos de grandes multinacionales que apuestan por la siesta como uno de los métodos más eficaces de producción. 

La lista de beneficios de este pequeño descanso son amplios: desde mejorar la concentración y creatividad posterior, a reducir la tensión arterial o mejorar el estado de ánimo. 

Si en otros países se está popularizando como uno de los métodos más eficaces para el rendimiento, en España lleva años haciéndolo ya que los horarios nacionales de trabajo suelen resultar, en su mayoría, perfectos para poder disfrutar de la misma. Una jornada completa de ocho horas, en la mayoría de los negocios de a pie de calle, suele permitir dos o tres horas de descanso, las perfectas para comer y descansar después. 

La exitosa fama de esta costumbre, que se ha atribuido como un hábito típico de nuestro país, no se queda lejos de incluir requisitos también para que sea lo más efectiva posible: no se debe dormir más de media hora, la franja horaria que abarca desde la una del mediodía a las cinco de la tarde es la más recomendada y se debe realizar en un lugar cómodo y tranquilo, alejado de ruidos.

Lo más aconsejable, además, es recurrir a una siesta de 15 minutos para no interrumpir el sueño nocturno, echarse la siesta en el horario recomendado para atacar la caída de los ritmos circadianos y la somnolencia que aparece en esa franja horaria y, escoger bien el espacio en el que vamos a disfrutar de ella, para aprovechar el tiempo de descanso y conseguir un sueño de calidad.

La siesta, una costumbre romana

Tradicionalmente, la siesta no comenzó siendo una costumbre española. Si nos remontamos a sus orígenes, fueron los romanos los que realizaban una pausa de comida y descanso en la sexta hora de su día, lo que correspondía a la franja horaria que alberga el tiempo transcurrido entre la una del mediodía y las tres de la tarde. Ellos dividían el día en periodos de luz de 12 horas y fueron los antecesores de lo que hoy en día conocemos como “siesta”, pero el vocablo además hace referencia a una palabra latina: sexta.

Fue tras el periodo de la Guerra Civil cuando este fenómeno se extendió en España ya que muchos trabajadores dedicaban sus días a prestar sus servicios a dos empresas diferentes para mantener a sus familias y hogares. mantener sus hogares y familias. Tras la finalización de la jornada matinal y, antes de comenzar el horario de tarde, encontraban el momento perfecto para echarse la siesta y despertarse luego con más energía, preparados para comenzar su segundo empleo del día. Esta tradición se erigió como una de las comunes especialmente en el entorno rural en el periodo de los años 50 a los 80, etapa en la que se estandarizó y se convirtió, falsamente, en un hábito popular tildado de “español”.

Si bien lo cierto es que esta práctica guarda origen en la cultura romana, también es cierto que la mayoría de los españoles, un 60%, casi nunca duerme la siesta. Un mito que fuera de nuestras fronteras se desconoce. Porque ya sabemos: sin siesta, dicen, no hay fiesta.