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3 destinos de Mallorca para sentirse mallorquín

Jul 2021
- Paula Martíns, Editora

Las fotografías de la isla balear se repiten por doquier, pero fuera de Palma, hay muchos lugares con los que descubrir el auténtico espíritu de su gente y geografía.

Escondites mallorquines llenos de esencia

Una de las respuestas más recurridas al preguntar por un deseo ahora mismo es, sin lugar a dudas, “viajar”. Subirse a un avión, a un tren o a un autobús se postula como una de las tareas que, si bien antes eran de las favoritas, ahora se sitúan sin duda en el primer puesto del podio de nuestra to do list. Los amantes de los viajes son curiosos por naturaleza. Observan con detenimiento cada uno de los lugares que visitan. Se quedan con cada detalle y ansían continuar conociendo mucho más sobre ese nuevo suelo que pisan, las edificaciones que le rodean o la historia de las calles que transitan. Viajar es sinónimo de cultura. Y de eso no cabe duda.

Mallorca como si fueras mallorquín
Mallorca como si fueras mallorquín

 

 

Ahora que viajar nos exige pisar, sobre todo, suelo nacional, resulta difícil no pensar en pleno verano en lugares paradisíacos de nuestro país. Como Mallorca. Si bien la isla ha sido desde siempre uno de los reclamos más solicitados dentro y fuera de nuestras fronteras, para los que ya la conocemos como auténticos forasteros se nos antoja ahora visitarla de una manera diferente, más especial. Sentirla con su ADN más profundo, respirarla, hablar con su gente, comer su gastronomía y, hasta sentirse perdido escuchando mallorquín. Nos apetece mimetizarnos y volver a este maravilloso destino balear con otros ojos. Como si fuéramos mallorquines. Y sí: es posible. Si tú también tienes esta ambición apuntada en tu agenda o estás pensando en un viaje, en Lifeful te ayudamos y, tras recoger algunos testimonios de auténticos nativos, trazamos una ruta rápida, para esos viajes express de fin de semana. Coge el móvil -o si eres analógico el bolígrafo- y apunta. Merecerá la pena.

 

Día 1

Primera visita: Montuiri

Si viajas de día o de noche. No importa. Puedes llegar, dejar tus cosas y, si de verdad te apetece empezar por todo lo alto, visitar Montuiri.

Tardas menos de media hora en llegar a este pueblo mallorquín. Es interior pero perfecto para darte la bienvenida si llegas por la noche y quieres conocer la isla en su espíritu más auténtico. Se trata de un paisaje que no te imaginarías ver en el horizonte de esta localidad, en la que las casas de piedra se mimetizan con el ambiente. Las construcciones de sus calles reflejan, a la perfección, todas las etapas históricas por las que ha atravesado la isla.

S'Hostal 

Como recomendación para cenar, el S’Hostal de Montuiri es el local perfecto. Se trata de un restaurante que tiene una gran terraza para que puedas disfrutar de la buena temperatura nocturna balear mientras disfrutas de una de sus comidas más típicas: el pa amb oli. Con jamón, sobrasada o queso y una gran variedad de ingredientes con los que acompañar tu cerveza o jarra de tinto de verano. Eso sí, te avisamos: si les hablas español los camareros harán un esfuerzo por hacer que les entiendas. Hablan mallorquín y si alguno decide cambiar de registro, puede que ni lo notes, su gran acento es otro de los atractivos que te hacen vivir Mallorca como si fueras de allí. 

 

Día 2

Lo sabemos: te apetece la playa. Por la noche has cenado en interior y ahora lo que realmente quieres es tomar el sol, bañarte en las aguas cristalinas mallorquinas y dejarte llevar por la calma. Aunque puede que ya hayas estado, te proponemos un plan con el que, seguro, que nunca has terminado el día.

Ses Covetes

Es trenc

De todos los lugares que puedes encontrar en esta isla probablemente este sea el más turístico, pero si te gustan las playas grandes no puede faltar en tu lista. Es Trenc es una de esas playas en las que puedes caminar y caminar sin tener que dar la vuelta a los cinco minutos. De agua cristalina y arena muy fina, arropada por los matorrales, tiene casi 3 mil metros de longitud y se divide en tres zonas: Arenal den Tem, Arenal den Tenc y Playa de Es Trenc, que se encuentran todas en la zona de Ses Covetes. Hay varios restaurantes y bares para comer por la zona, pero también puedes llevar tu bocadillo y no moverte de la toalla más que para ir al agua.

Allí te encontrarás a personas de la isla vendiendo artesanía y varias frases que homenajean al poema Cala Gentil, de uno de sus poetas locales, Miquel Costa i Llobera. Están inscritas en lo que antes eran búnkers y son responsabilidad del colectivo madrileño Boa Mistura, que decidieron darle una nueva vida a estos refugios de ametralladoras y convertirlos, literal, en poesía. ¿Es o no perfecta para una foto de Instagram?

S’Embat

Después de una jornada en Es trenc, una cena en S’embat. De decoración hippie, con lámparas de colores, este es es un espacio de música, arte y gastronomía. Su ambiente relajado te permite disfrutar de música en vivo, con conciertos de artistas como  Juanito Makandé o a la Mari de Chamba mientras cenas y degustas menús con una amplia oferta gastronómica. Es perfecto, además, si te apetece una copa o un cóctel para hacer la digestión: allí todo acompaña.

 

Día 3

No te puedes ir de Mallorca sin pasar por la Tramuntana. Su paisaje te cautiva y resulta imposible retirar la vista de sus alrededores. Camino a una de las calas más espectaculares que puedes visitar en la isla, se encuentra el pueblo de Esporles. Calles serpenteantes y casas de piedra que conservan su tradición y un olor a carne que te obliga a estacionar el coche para disfrutar su sabor.

Cala Banyalbufar 

 

Después de comer y ver el atractivo de Esporles es momento de ir a una cala -sin arena- que se encuentra escondida en Banyalbufar. Eso sí: tendrás que estacionar lejos y caminar un buen rato hasta llegar porque su encanto reside en estar rodeada de montaña. Las vistas por el camino con magníficas y, una vez allí, una pequeñita cascada de agua muy fría te recibirá para refrescarte del calor. Puedes además ver los alrededores por escaleras que conectan unos rincones con otros y, a última hora, subir a ver el atardecer desde la terraza del Hotel Mar i Vent o desde lo alto de la cala. Un broche perfecto para poner final a un viaje repleto de escondites.