AddToAny

Palamós en 48 horas: la Costa Brava desde dentro

Jul 2021
- Paula Martíns, Editora

De la gamba típica de Palamós, hasta visitar sus calles de la zona antigua o las calas más pequeñitas pero con más encanto de uno de los lugares preferidos de la Costa Brava. Si estás pensando en hacer una pequeña escapada, este es el destino perfecto.

 

Qué ver en Palamós

Descubre Palamós en su mayor esencia

Las calles de Palamós pueden vanagloriarse de haber sido huéspedes de celebridades como Elizabeth Taylor, Coco Chanel, Orson Wells o, por supuesto, Salvador Dalí. También ellos pueden presumir de haber visitado uno de los enclaves más atractivos de la península, en el que, la naturaleza, la costa y la gastronomía forman un tándem tan perfecto que todo amante del buen tiempo jamás podría rechazar.

 

Decir que Palamós es uno de los destinos más acertados de la Costa Brava, además de Cadaqués, es una sentencia que puede afirmar cualquier habitante de la zona. Este pueblo marinero se ha convertido ya en uno de los lugares clave cuando comienza la época estival y su grandeza no solo se encuentra alojada en sus cristalinas aguas y rocosas playas, sino que además también esconde otros potentes reclamos que convierten a la villa en una localidad digna de apuntar entre los ‘places to be’ de verano.

Si estás pensando en una escapada este verano y no tienes mucho tiempo, toma nota, porque Palamós es perfecto para disfrutar de un fin de semana de desconexión. Nosotros te contamos cómo puedes hacerlo y cómo puedes vivir Palamós desde lo más profundo de su historia en tan solo 48 horas. 

Día 1

Pero antes de planificar tu ruta, debes saber que el hotel Trías es el alojamiento ideal para quedarse. Lo hizo emblemático el escritor Truman Capote, quién se hospedó en sus habitaciones en los años sesenta, un año mas tarde del asesinato de la familia Clutter en Kansas. Apareció en la recepción del hotel acompañado de su pareja un mes de abril, con 25 maletas y un bulldog, un caniche y una gata siamesa e hizo de este hotel, el lugar de gestación de ‘A sangre fría’, una de sus obras más reconocidas.

La decoración del hotel representa el espíritu de Palamós a la perfección: paredes con objetos marineros, madera que recuerda a sus barcas y muebles que mezclan la estética propia de la época en la que el escritor vivió allí con otros contemporáneos que lo convierten en un cruce de estilos majestuoso. 

 

Si eres de los madrugadores que no pueden perderse ni un solo detalle en los viajes, de los que sienten que dormir es una pérdida de tiempo y de los que no aguantan quedarse sin ver un solo lugar, será imprescindible que después de desayunar, visites la lonja de Palamós. Si por algo es conocido el pueblo, además de por su armónico paisaje, es por ser estancia pesquera y por sus famosas gambas. Allí podrás encontrar pescado fresco a buen precio.

Si en cambio, eres de los que prefieren quedarse un rato más en la cama y te tomas la vida a ritmo lento, tras despertarte puedes ir a desayunar a la pastelería Can Joan, situada en el paseo del mar, a pocos metros de las embarcaciones del puerto. Allí encontrarás una gran variedad de delicias, como sus tradicional y conocido “El pastís delas Agustins”, chocolates o diferentes canapés con los que acompañar el primer café de la mañana.

Tras el desayuno y cerca de la pastelería podrás visitar la Platja Gran, que se encuentra delante del puerto y es una parada obligada si no eres de Palamós. Como una de las tradiciones catalanas más comunes es ir a la playa por la mañana, a la hora de comer te recomendamos que, con calma,  visites Macabeu, un restaurante y bistró de vinos pequeño y familiar que te cautivará por su amplia variedad vinícola que alterna entre las bebidas más tradicionales y las más atrevidas y modernas. Además, allí podrás probar diferentes platos de alta calidad: algunos para picar como sus empanadas o exquisito jamón, y otros para cuando aprieta el hambre como sus arroces a la cazuela o entrecots o canelones.

Si apuestas por este establecimiento el siguiente plan recomendado es que visites el Museu de la Pesca, en el que podrás conocer el pasado, presente y una aproximación hacia el futuro de lo que es una de las tradiciones más características del lugar.

Para terminar el día por todo lo alto y sin perderse nada del pueblo, puedes pasear por el casco viejo de Palamós y visitar la iglesia, el ayuntamiento y sus tiendecitas bohemias para  rematar el día cenando en La Gavina alguno de sus platos típicos, como las patatas pijas o sus croquetas, ensaladas y carnes.

Si además tienes ganas de alargar un poco, si las circunstancias te lo permiten, puedes elegir entre tres bares diferentes: El Castellet, el Mur o Lincoln.

Día 2

Palamós es sinónimo de playa. Para comenzar la segunda jornada y antes de empezar el día de sol, puedes probar los batidos y zumos de Luxe Café, acompañándolos con croissants o donuts y así coger energía para visitar luego la playa Cala Estreta situada en un entorno completamente natural al que puedes acceder caminando desde otra de las playas emblemas de Palamós: la playa de es Castell, una de las más vírgenes de toda la Costa Brava,

Tras pasar una mañana relajada bajo el sol, puedes visitar la Barraca d’en Dalí, un taller/ estudio de pintura que fue creado por Puig Palau expresamente para el artista, en el que estuvo en contadas ocasiones ya que el pintor habituaba más a trabajar en Portlligat,

¿Y para comer? ¡Qué mejor que volver a la zona del puerto! Así estarás cerca del hotel para preparar las maletas. 

Puedes disfrutar de la gastronomía más típica de Palamós en el restaurante de La fàbrica de Gel -su tartar de gamba está exquisito- o en la  La terrassa dels pescadors, famoso por sus fideuas, arroces y pescados a la plancha.

Si todavía tienes tiempo por la tarde puedes buscar una empresa que alquile un barco, disfrutar de un paseo en moto de agua o apuntarte a una sesión de paddle surf o kayak. Palamós te ofrece una amplia variedad de actividades y te permite disfrutar de todo el ocio marítimo.

Y aún hay más. ¿Quieres ampliar tu estancia? Pues no puedes perderte los caminos de Ronda, que recorren senderos costeros y rocosos desde Blanes hasta Portbou y antes eran utilizados por la Guardia Civil para controlar el contrabando y tener en el radar todo lo que sucedía en la frontera marítima española.